Archivo mes febrero, 2011
Cuidadín, Cuidadín!
Me encontraba yo aburrido. Encendí el feisbus a ver si encontraba algún cotilleo digno de mención, algo que resultase ser merecedero de mi atención más allá de “Amo a Antoñito”, “Antoñito ya no te quiero”, “Por favor, desagregad a Antoñito de vuestra agenda de contactos” o “Me voy a depilarme el co#o”, “Hay que ver qué bueno está Bustamante”, y otras paridas de semejante índole.

Ante mis ojos, vi el mensaje de cierta persona anunciando que se iba de viaje, colocando la mágica frase de “En tal día, aterrizo en cual sitio”. Creo que ya se ha hablado largo y tendido acerca de lo peligroso que puede ser anticipar nuestros movimientos en un medio público, pero servidor que es algo más que un cotilla de los de toda la vida, quiso llegar más allá. Lo malo es que lo conseguí.

Veréis, se me pasó la cabeza intentar averiguar todos los detalles referentes a la reserva aérea de dicha persona. Viendo el aeropuerto al que se dirigía (uno secundario de esos que hay por toda Europa y que hemos redescubierto gracias a las low-cost), pude imaginarme que volaba con Ryanair. Acto seguido, entré en la web de la aerolínea, y me dirigí a “gestionar mi reserva”.
Como bien sabréis, para poder acceder a un vuelo que tengamos con la compañía, se nos exige que introduzcamos su correspondiente localizador y además la tarjeta de crédito con la que hicimos el pago, siendo dos datos que obviamente no publica ni el más descerebrado de los feisbuseros. Pero si os fijáis, un poco más abajo, hay otras opciones mucho menos restrictivas. Una de ellas, nos lo pone facilísimo: fecha de vuelo, aeropuerto de origen, aeropuerto de destino y e-mail de confirmación. Los primeros datos los tenía bastante claros (como he dicho antes, los publicó en el feisbus mi “víctima”). Tenía que averiguar la dirección de correo que dio al hacer la reserva…. ¿apostamos algo? Exacto, lo pude extraer de su perfil público en la misma red social. No tuve más que hacer un copia y pega y…. ¡ZAS! Ya estaba dentro.
Podía ver todos los detalles referentes a su reserva: horarios, localizador, el dinero que le había costado… Pero más grave aún, tenía libre acceso a las opciones de modificarla. No pude evitar sentirme como un delincuente, por lo que cerré inmediatamente la página del navegador presa de un ataque de vergüenza ante el poco respeto que demostré por la privacidad de una persona que se consideraba amiga mía. Pero lo que realmente se apoderó de mí, fue una terrible sensación de desasosiego al pensar que manos y ojos con motivos más oscuros que el mero cotilleo pudiesen hacer lo mismo con mis reservas de Ryanair. Si he escrito esta entrada, ha sido aparte de preveniros contra este posible ataque, también para entonar el mea culpa y disculparme públicamente ante la persona a la que le curioseé la reserva.
Tened cuidadín!
PD: si os apetece, otro día os hablo del peligro que corréis poniendo las mismas claves y el mismo e-mail de contacto en todos los portales web en los que os registráis.
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